Lobos
Tres amigos en el tiempo. Los botones, las estrellas y las galaxias. El recuerdo y el olvido en una foto. La tele en Roma.
Los dos de la foto con Franco, amigo desde que nos sentamos uno al lado del otro en primer grado, junto a la ventana, y Estanislao, a quien conocí cursando materias de Letras en Puan. Yo soy el que saqué la foto. En general soy ese. No salgo, pero estoy.
Estani es de Lobos, y cuando nos conocimos nos dimos cuenta que los dos habíamos coincidido al mismo tiempo en la facultad de psicología.
Él se recibió, yo no. Él se fue a Paris a seguir sus estudios, pero en linguística, yo viví unos meses ahí por una historia que me ancló a la ciudad al final de un viaje. Él hizo una carrera académica entre Paris, Bélgica, Brasil y ahora Argentina, yo nada que ver.
Hace un tiempo decidió dejar atrás Europa, volvió y estuvo dando clases para una universidad de Brasil y ahora está con una beca del Conicet. Este año decidió venirse a vivir a Buenos Aires, me escribió para contarme esto como una posibilidad para vernos más. Desde que nos conocimos, hace más de 20 años, nunca nos dejamos de ver. En Paris, acá y hasta se vino a un bar en Bélgica una vez que estuve ahí tres días por mi trabajo en La Fuerza.
El chiste siempre fue que nos encontramos en distintos lugares, que siempre nos estamos volviendo a ver, que nos vemos poco, pero varios de esos encuentros son en distintos países, y que siempre los encuentros están buenos.
Todo esto puede ser una anécdota, y lo es, pero en esa mesa estoy yo, sacando la foto, y también mi forma de hacer la amistad. Pocos amigos, algunos como Franco con el que estamos juntos hace unos 45 años, otros como Estani, con constancia y poca frecuencia. Mi preferencia por estar solo, y romper la soledad para estar con cada amigo cuando podemos. También con juntarlos, ocasionalmente, y hacer de anfitrión.
En perspectiva, visto desde esa mesa, cada unos construyó un camino muy distinto. La charla ahí, esa noche, buscado o no, pasó por encontrar las cosas que nos acercan, las que nos diferencian, las que nos conectan. En mi caso también en como me siento con que esa sea la gente con la que llegué hasta acá. También en esto: como contar a ellos, me es útil para saber de mí. Como escribir acá es una forma de saber.
Hace unos sábados salimos con Vicente y Aurora en una caminata desde casa hasta Roma. En el camino teníamos que hacer varias cosas, desde pasar por una ferretería hasta averiguar sobre un arreglo en una zapatería. A las pocas cuadras Aurora dijo que no quería caminar. Que ella nunca había querido salir y que quería volver a casa.
Le dije que no íbamos a volver y busqué distraerla. Se enojó, se empacó y se quedó sentada en la entrada de un edificio un rato. Con Vicente la miramos desde unos metros y le dije a él que se le iba a pasar. Que teníamos que lograr que camine un poco más y vaya encontrando como le iba cambiando el humor. Qué podíamos tratar de distraerla. No siempre se puede resolver todo, a veces solo hay que distraerse.
No lo logramos por varias cuadras, cuando parecía que se olvidaba, volvía a decir que no quería caminar más. Pensé en por qué yo insistía tanto en caminar, algo que para mi es muy lindo, para ella. Pensé que en algún momento ella iba a recordar esto como algo lindo, bueno, útil, que iba a quedar como una memoria sobre ella y yo.
En un momento pasamos por el lugar de la foto, y como estábamos buscando medias blancas para el cole y parecía haber entramos. Le hablé de todos esos botones, de cuantos serían. Ella se puso a pensar, a contar, a mirarlos. Le dije que para mí había más botones ahí que estrellas en las galaxias y le saqué unas fotos de recuerdo.
No se qué recordará más de mí, si el fastidio cuando la hago caminar o cuando hablamos de botones y estrellas.
Al otro día del encuentro que tuvimos en el bar, Estanislao armó un grupo para que vayamos a Lobos y Franco mandó esta foto que encontró y en la que estábamos los 3. Estanislao se acordaba donde era, Franco también, yo no tenía ni idea y aún no recuerdo nada.
Las charlas entre amigos además de ver qué pasó con lo que nos pasó, qué con lo que nos unió, qué con lo que nos atrajo, qué con lo que hicimos en el camino, esta bueno para recordar lo que se olvidó.
En Roma pusimos una tele y aún no tengo del todo claro si fue una una buena idea. La pusimos para poner algunos partidos, porque la idea de ver futbol reunido comiendo pizza esta buena, porque se viene el mundial, porque estaba bueno probar qué pasaba. Ahora el tema es ver cuando prenderla y qué poner.
Nunca se pone canales de aire o cable, a veces está el Chavo, a veces Alf, a veces películas de cine argentino, a veces está apagada, a veces futbol cuando hay algún partido importante. Pensamos todo un manual de qué si y que no, que sí con sonido, que sí sin sonido y no lo hicimos.
El otro día entré y estaba el mejor capítulo de La Pantera Rosa, el dibujito preferido de mi papá y ahora también el de Aurora. El de las flores. Solo estaba el pibe de la foto y nadie miraba la tele. Me gusta que la tele esté ahí aunque no sepamos bien si fue una buena idea. Como un artefacto más en la historia del bar de los tantos que fueron contándonos que pasaba con todo lo demás.
Gracias por leer
PD: esta semana salío el último envío de Historias desde Roma escrito por la genia de Marina Cañardo.





